A PARTIR DE UN CUENTO SUFI

 

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Reflexiones del Dr. David Ghelman

 

POR QUE EL PERRO NO PODIA BEBER *

 

 

Le preguntaron a Shibli:
-¿Quién te guió en el camino?
Contestó:
-Un perro.
Un día lo encontré casi muerto de sed a la
orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua,
se asustaba y se alejaba creyendo que era otro
perro.
Finalmente, fue tal su necesidad que
venciendo su miedo se arrojó al agua; y, entonces,  
 “el otro perro” se esfumó.
El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y
la barrera que lo separaba de lo que buscaba había
desaparecido.
De esta misma manera, mi propio obstáculo
desapareció cuando comprendí que era mi propio ser.
Fue la conducta de un perro lo que me señaló
por primera vez el Camino.

*Extraído del libro El camino del sufí, Idries Shah.
Ed. Paidos, 2ª edición 1978. Buenos Aires.

 

Comentario:

Esta  metáfora sufí  alude a las dificultades que la cultura nos impone,
a casi todos,  desde la infancia. 
Hay muchas enseñanzas y actitudes de otras personas, que influyen, 
de manera a veces sorprendente,  para que nuestra autoestima  resulte
deteriorada.
Muchas veces  miramos  dentro nuestro, sintiéndonos invadidos por
el miedo a nuestro propio río, sin atrevernos  a beber de él.  Y desde
ese instante nuestra autoestima es aprisionada por el miedo a lo que
dirán los otros… que también tienen sus propios ríos…
Las opiniones suelen no ser  más que eso, opiniones… y  deben
orientarnos,  pero no inhibirnos y menos si íntimamente sentimos
que lo que ocurre dentro de nuestro interior es auténtico y no daña a
nadie.
Generalmente lo que no daña a una persona, no debería dañar a  otra
Esto lleva a diferentes reflexiones y es bueno hacerlas, cada uno en
su propio río…
Otra enseñanza que nos brinda esta metáfora, es que no deberíamos
llegar a los extremos  a que llegó el perro para tomar la decisión
de enfrentarse a...su río.
La toma de decisiones de manera desesperada, no es aconsejable
pues  muchas veces nos impide medir la eventualidad de daños que
podríamos causarnos o causar.
Las actitudes impulsivas suelen ser producto de la postergación de
decisión para acceder a nuestro río.
Generalmente los  mayores obstáculos están dentro nuestro.
Nuestra mente genera o acepta ilusiones que habitualmente finalizan
en decepción, tornando  nuestro río en turbulento.
Sería preferible evitarlo, siendo una buena experiencia, y muy útil,
intentar conocer y congeniar adecuadamente con nuestro ser
interior. Una vez logrado esto, ingresamos en una grata calma…
Todos tenemos nuestro propio río, inmensamente rico, si hiciéramos
lo que el perro enseñó… sin duda habría más personas
viviendo en armonía consigo mismas.

 

 

 

 

 

 

 

© Revista de Artes Nº 9 -Mayo 2008
Buenos Aires - Argentina